Celebramos la Fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, este 29 de septiembre, con la visita de nuestro obispo D. Eloy Santiago Santiago. Es la primera visita a la comunidad del Seminario en este curso. Junto a él y nuestros formadores compartimos la Eucaristía y posteriormente una comida que dio paso al diálogo con el Sr. obispo.

Durante la misa D. Eloy nos exhortó a descubrir la acción de Dios creadora, a descubrir nuestra identidad y a vivir en coherencia nuestra vocación. En palabras del obispo «no es que yo soy un ser humano, un cristiano y hago de sacerdote, sino que soy sacerdote. Mi ser, mi esencia es el sacerdocio. Lo que define mi identidad es lo mismo que hago». Por eso, aclaró, «nosotros asumimos que el sacerdocio no es una profesión más, no es un trabajo más, sino que es una vocación, es una vida, una forma de vida, una forma de existir».

Texto completo de la Homilía de D. Eloy Santiago Santiago en la Eucarística celebrada en el Seminario Diocesano de Tenerife en la Fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael el 29 de septiembre del 2025:

La celebración de la Fiesta de los Santos arcángeles es una ocasión muy hermosa que nos hace tomar conciencia de esta gran riqueza que es la creación de Dios y que no es solo el mundo material, este mundo de los seres humanos, sino también hay otra realidad espiritual creada por Dios.

Sin embargo, por desgracia, a veces se pone muy de moda ese culto a los ángeles de forma esotérica, quizás motivado por la aparición de los ángeles en textos apocalípticos, como hemos escuchado en el libro de Daniel. Pero eso a nosotros no puede despistarnos de lo que es importante en los ángeles y en los arcángeles, pues celebramos a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Y sobre todo es descubrir esa acción de Dios creadora en estos seres espirituales cuya misión es hacer de puente de comunicación entre Dios y los hombres, cuya misión es velar por las personas, velar por los hombres y mujeres de nuestro mundo.

E incluso, es tan importante la misión que reciben, que es lo que les da el nombre. San Miguel, como San Miguel de Abona, Miguel es quién como Dios, San Rafael es medicina de Dios, que me haría falta a mí que estoy un poquito referiado, y San Gabriel es el portador del mensaje de Dios, mensajero de Dios, ¿no? El nombre indica la misión que desempeña, y esto a nosotros nos puede ayudar en nuestra vida vocacional, sacerdotal, como seminarista, de descubrir nuestra identidad. La misión no es un añadido a lo que yo soy, sino que hay una identidad, lo que soy y lo que hago. En nuestro mundo actual fácilmente se separa la cosa, yo puedo ser una cosa y hacer otra cosa.

En el caso de Jesús no es así. Jesús es el Salvador. Salvador es su misión, pero Salvador es su nombre. Él es Jesús el que salva. Nombre y misión significan lo mismo. En la vida nuestra, como sacerdotes, en los sacerdotes, también sucede lo mismo. No es que yo soy un ser humano, un cristiano y hago de sacerdote, sino que soy sacerdote. Mi ser, mi esencia es el sacerdocio. Lo que define mi identidad es lo mismo que hago. Por eso nosotros asumimos que el sacerdocio no es una profesión más, no es un trabajo más, sino que es una vocación, es una vida, una forma de vida, una forma de existir. Y esto lo muestra Jesús muy claramente en su sacerdocio. A diferencia de los sacerdotes del Antiguo Testamento, que eran elegidos, que tenían que purificarse, etc., la Carta a los Hebreos nos recuerda que en Jesús es distinto. Su sacerdocio es existencial. Él cuando entra en el mundo, dice aquellas palabras: “aquí estoy para hacer tu voluntad”. Y es en la vida de Jesús donde se realiza ese sacerdocio.

Por eso recordar hoy a los arcángeles, es recordar que también nosotros tenemos una misión, que como dijimos en la oración colecta, Dios en su sabiduría ha creado todo y ha dispuesto unos ministerios, unos servicios en la humanidad, en todo lo creado, también en la Iglesia. Lo importante es descubrir cuál es ese ministerio o servicio que Dios ha puesto para mí, en el que Dios me quiere a mí, el que tengo que realizar, que llevar a cabo. El Papa Francisco, en aquella exhortación sobre la santidad, Gaudete et Exultate (Alegrados y regocijados), él decía: “el santo es misión, cada ser humano es una misión que desempeñar”.

Y esto es lo que nosotros tenemos que descubrir. Y a esto nos ayuda Natanael. El Evangelio se lee porque es una de las pocas veces que Jesús dice o habla de los ángeles, ¿no? Dice a Natanael que verá cosas mayores, entre ellas, verá el cielo abierto y los ángeles bajar y subir. Pero a Natanael Jesús le dice una cosa muy importante: “he aquí un Israelita en el que no hay doblez, he aquí un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. Esto es fundamental. Si queremos vivir la misión que el Señor nos ha confiado, es importante que nosotros, que no somos ángeles, somos humanos, por tanto pecadores, débiles, vulnerables, aun así hemos de ser personas íntegras, de verdad, en los que no hay doblez. En los que no hay una doble vida, en los que no es que yo soy una cosa, hago otra, etcétera, no, hay una identidad.

A veces salen noticia, lamentablemente, de sacerdotes con escándalos, y la gente de la parroquia dice, pero si era un buen párroco, si con los jóvenes era genial, la iglesia estaba llena. Pero después tenía su vida particular. Eso no responde a la vocación del Señor. Eso, por muy exitoso, más probablemente que hablemos, no responde a lo que Dios quiere ver. Dios quiere de nosotros personas íntegras, que vivamos lo que hacemos y que hagamos lo que vivimos. No se trata de ser compasivos cuando estoy con la gente, sino que yo vivo en esa compasión, porque me siento amado por Dios. No se trata de que yo tengo que rezar para que la gente me vea, sino que yo soy un hombre de oración, o de sacramentos, o de caridad.

Esto es fundamental. Por eso celebrar hoy a los arcángeles, es decir, gracias Señor, porque en esta sabiduría tuya que has creado estos ministerios, no nos ha dejado solos. Has mandado a tus enviados, que son los ángeles, los arcángeles, para acompañarnos, para protegernos, para guardarnos en tus caminos. Y nosotros un día esperamos gozar de esa vida eterna, también con los ángeles, y también para el Señor, como decíamos en el Salmo responsorial, pero cuando lleguemos a esa meta, después de una vida vivida en coherencia con la misión y la vocación que hemos recibido, después de una vida de entrega a los demás, entonces y solo entonces, gozaremos de esa compañía de los ángeles.

Por eso no se trata de comprar el angelito a la salud, el angelito no sé qué, el angelito no sé cuánto, la bruja de no sé qué, eso es absurdo. Lo importante es decir, Dios en su amor cuida de mí, vigila por mí, y ha enviado a sus ángeles para que me protejan en mis caminos, para que yo pueda avanzar. Que nosotros dejemos que los ángeles nos acompañen y nos guíen, que no seamos personas cerradas a esa acción de los ángeles, y con un corazón agradecido pidamos al Señor que él nos dé la capacidad de responder a la vocación a la que él nos llama, que nos dejemos acompañar.

Ustedes aquí en el seminarios tienen dos hermosos arcángeles, don Domingo y don Francisco, que ha puesto Dios para acompañarles en su caminar, para guiarle. Déjense acompañar, déjense guiar por ello, que ellos tienen esa misión de ser custodios, verdad, también de ustedes, como san José fue custodio de María y de Jesús. El seminario es ese tiempo, así lo diremos, de discernimiento, de preparación, de formación, de configuración con Cristo. Aprovechemos este momento que es único, que no se repite, y con esa transparencia de Natanael, con esa sinceridad sin engaño, abrámonos a Dios para que él nos indique que hacer con nuestra vida, como llegar a la felicidad, como responder a su voluntad.

Pues que el Señor siga acompañándonos a través de sus santos arcángeles, nos sintamos defendidos del maligno por la fuerza del arcángel Miguel, nos sintamos curados en nuestras enfermedades corporales y espirituales por la mediación de San Rafael, y sobre todo también que seamos capaces nosotros de acoger y ser mensajeros como Gabriel, llevando la buena noticia de Dios que nos ama a los demás. Pues que María Nuestra también nos acompañe a ustedes en este nuevo curso en el seminario, nos acompaña a todos, y también ella, que recibió la visita del arcángel Gabriel, con aquella gran noticia, nos ayude también a nosotros a reconocer esa presencia de Dios a través de sus ministros, a través de los ángeles que vienen a nuestra vida. Que así sea.

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Seminario Diocesano de Tenerife
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