El pasado miércoles, 28 de enero, el Seminario Diocesano de Tenerife celebró con alegría su fiesta patronal en honor a Santo Tomás de Aquino, maestro de sabiduría y referente imprescindible para la vida intelectual y espiritual de la Iglesia.
La jornada tuvo como centro la celebración de la Eucaristía al mediodía, presidida por nuestro Padre Espiritual, D. Francisco Hernández Rivero, en un clima de acción de gracias y comunión. Al amanecer nuestro Rector, D. Domingo Navarro, presidió las Laudes de Solemnidad, y a lo largo del día recibimos innumerables felicitaciones y muestras de cercanía, signo elocuente de cómo el Seminario sigue estando muy presente en la oración y el corazón de tantos fieles de nuestra diócesis.
Tres miradas para una misma vocación
En su homilía, nuestro Padre Espiritual invitó a vivir esta fiesta desde tres miradas fundamentales. La primera, a la luz de la Palabra de Dios, pidiendo el don de la sabiduría: una sabiduría que no es solo conocimiento, sino capacidad de vivir según la voluntad de Dios. En este tiempo de Seminario, vivido como un verdadero cenáculo, irrepetible y decisivo, – subrayó D. Francisco- tiene gran importancia el estudio, la oración y la vida espiritual como pilares de la formación. Pedimos al Señor una sabiduría que nos ayude a aprender a Cristo, a vivir en Él y como Él, para poder anunciarlo con humildad y fidelidad al pueblo de Dios.
Esta sabiduría, que viene de lo alto, no nos pertenece: no nos apropiamos del sacerdocio, del magisterio ni de la paternidad de Cristo, sino que nos abrimos para que sea Él quien se apropie de nosotros. Solo así su sacerdocio, su palabra y su paternidad podrán llegar al pueblo a través de nuestra vida.
Santo Tomás de Aquino: fidelidad y pasión por Cristo
La segunda mirada que nos invitó a tener fue dirigida a Santo Tomás de Aquino, nuestro patrón. Su vida es testimonio de una vocación vivida con fidelidad y pasión por Cristo, no exenta de dificultades. Desde joven tuvo que afrontar fuertes oposiciones familiares y pruebas interiores, pero nunca renunció a la llamada recibida. Su perseverancia, su amor a la verdad y su profunda vida espiritual dieron como fruto una fecundidad inmensa para la Iglesia.
Aquel joven silencioso y aparentemente apagado, apodado por algunos como “el buey mudo”, llegó a ser uno de los mayores pensadores cristianos de todos los tiempos. Su ejemplo nos recuerda que toda vocación auténtica pasa por la lucha y la purificación, pero también que el Señor sostiene siempre a quienes confían en Él. Santo Tomás nos deja una herencia clara: una santidad nacida del estudio vivido de rodillas, poniendo la inteligencia al servicio de la fe y del pueblo de Dios, -recordó el Padre Espiritual en su homilía-.
El Seminario, corazón de la diócesis
La tercera mirada fue hacia la historia del Seminario, verdadero corazón de la diócesis, cuyo latido influye en todo el cuerpo eclesial. Desde sus inicios en el siglo XIX, pasando por momentos de dificultad y de esperanza, esta casa ha sido lugar de formación de pastores según el corazón de Cristo.
Generaciones de seminaristas han pasado por estas aulas: algunos llegaron al sacerdocio, otros siguieron otros caminos, pero todos han quedado marcados por esta etapa fundamental. Bajo este mismo techo, entendido no solo como edificio sino como hogar espiritual, se han preparado y se siguen preparando quienes están llamados a servir al pueblo de Dios.
Con el patrocinio de Santo Tomás de Aquino y bajo la protección de la Virgen María Inmaculada, el Seminario continúa su misión: formar pastores sabios, humildes y enamorados de Cristo, dispuestos a dejar que Él se prolongue en sus vidas como Maestro, Sacerdote y Pastor.
Damos gracias a Dios por esta fiesta, por la memoria agradecida de nuestra historia y por todos aquellos que, con su oración y cercanía, sostienen la vida del Seminario y las vocaciones de nuestra diócesis.



Comentarios recientes